Este año me he planteado dedicarme a la lubina. Sé lo que significa: compromiso, sacrificio y abnegación, para, en un momento determinado, gozar de esa situación tan alucinado de verse, cara a cara, con un robalo de 6 kilogramos. Sensaciones que, utilizando estas cañas de spinning ligero, en escenarios tan complicados como podási imaginar ( ahí donde los robalos se sienten seguros), no dejan de ser la llama que enciende esta pasión. Y dejé la pesca del sargo, desde la última "entrada" (en el blog) de marzo. Arrinconada, como si ya no formara parte de mí. Las lubinas me han dado una de cal y otra de arena ( robalos recientes perdidos), pero siempre sigue ahí la tentación. El sargo, pues olvidado, volcando toda mi atención en "Dicentrarchus". Mi querido amigo Manolito me tentó de abandonar esta postura tan extrema (yo soy así, qué le voy a hacer...). Y hoy fuimos al Espárido, después de meses sin mecer las boyas. NI siquiera llevé la caña, sí la cámara de fotos. Man...